Si tus músculos pudieran hablar, te suplicarían una sola cosa, más proteína. Y no, no solo para crecer, sino para que tu cuerpo siga vivo y funcionando cada segundo del día. La proteína no es solo un nutriente más en tu plato, es literalmente el material de construcción de tu cuerpo. Repara tejidos, fabrica hormonas, produce enzimas, forma tu piel, tu cabello, incluso el sistema inmunológico depende de ella para defenderte. Imagínala como un collar de perlas, donde cada perla es un aminoácido. Hay aminoácidos que tu cuerpo puede fabricar y otros nueve esenciales que sí o sí deben venir de tu alimentación. Las proteínas animales como carne, pescado, huevos, lácteos traen todos esos aminoácidos esenciales. En cambio, las proteínas de origen vegetal como legumbres, frijoles, carecen de alguno, pero al combinarlas como el típico arroz con lentejas, puedes lograr un perfil de aminoácidos más completo. Salarte la proteína no solo te aleja de tus objetivos de ganar masa muscular o pérdida de grasa, también debilita tu sistema inmune y afecta tu recuperación. La próxima vez que armes tu plato, pregúntate dónde está mi fuente de proteína hoy, porque si quieres un cuerpo fuerte, sano y resistente, empieza dándole las herramientas para construirlo. Y ojo, no se trata de abusar de ella. Cada cuerpo es diferente.